Por Sergio Purcell, gerente general de COCHA.
El reciente Congreso de ACHET en Arica dejó una convicción que, desde la industria, debiéramos tomar con fuerza: Chile tiene una enorme oportunidad para hacer del turismo un motor mucho más relevante de su economía, pero para lograrlo no necesariamente tenemos que empezar de cero. Tenemos que aprender a trabajar mejor con lo que ya tenemos.
Las cifras muestran que estamos frente a una industria de peso. El turismo representa hoy el 2,8% del PIB directo y genera el 7,6% del empleo nacional. En 2025, Chile recibió más de seis millones de turistas extranjeros y generó US$4.157 millones en ingresos por turismo receptivo. Son números que confirman que el turismo dejó hace tiempo de ser una actividad complementaria: es una industria que genera empleo, inversión y desarrollo en todo el territorio.
Sin embargo, también tenemos desafíos. Durante los primeros cuatro meses de 2026, las llegadas internacionales disminuyeron 19,5%, principalmente por la caída del mercado argentino. Al mismo tiempo, otros mercados como Estados Unidos, China, Australia, Canadá y Perú mostraron crecimientos importantes. Esto demuestra que tenemos que seguir diversificando nuestra demanda y fortaleciendo nuestra capacidad de atraer visitantes de distintos países.
Pero hay otro desafío que como industria debemos abordar con la misma urgencia: desarrollar un turismo interno potente.
Chile tiene destinos extraordinarios, pero muchas veces la existencia de un atractivo no se traduce automáticamente en un producto turístico. Para que eso ocurra se necesita conectividad, servicios, personas capacitadas, experiencias diseñadas para el viajero y, fundamentalmente, canales que permitan comercializarlas.
La experiencia de Arica es una buena demostración de que se puede avanzar rápido cuando existe coordinación. En pocos meses, el trabajo conjunto entre autoridades, municipios, asociaciones locales, instituciones de formación y empresas permitió identificar productos turísticos y capacitar a quienes están detrás de la experiencia del visitante.
Ahí vemos una de las claves del futuro de la industria: conectar mejor la oferta con la demanda. No basta con que un destino tenga potencial; debemos lograr que ese potencial se transforme en viajes concretos, accesibles y atractivos para los chilenos y para quienes nos visitan.
Cuando el turismo crece, el impacto se distribuye mucho más allá de una agencia, un hotel o una aerolínea. Llega al restaurante, al guía, al emprendedor, al comercio local y a las familias que viven de esta actividad.
Por eso, en este Día Mundial del Turismo, el desafío no debiera ser solamente preguntarnos cuántos turistas queremos recibir. Debiéramos preguntarnos cómo hacemos para que más personas viajen por Chile, durante todo el año, y para que cada viaje genere más valor en nuestros territorios.
Tenemos los destinos. Tenemos la industria. Tenemos las personas. Ahora necesitamos trabajar juntos para convertir todo ese potencial en viajes.


